
Por: Ricky Noboa
La desinformación tiene un mercado de consumo propiciador de grandes operaciones millonarias en lo político y social.
Observar la inversión que desde las esferas de poder se realizan discriminando medios y periodistas a su servicio, es entender la gran estrategia de la desinformación. Visualizar, leer y escuchar las informaciones no es una tarea fácil para filtrar la veracidad de los hechos.
Los poderes tácticos influyen no solo dentro de sus fronteras, sino también allende los mares donde los intereses trascienden el propósito hegemónico de esos estados. Muestra es la manipulación a que los imperios recurren para justificar sus propósitos y conquistas.
El lobismo y manipulación, apoyados en la legendaria actividad del tráfico de influencias, han sido un mal que se arrastra desde la edad de piedra, la edad media y más reciente, los siglos XIX, XX y ni hablar del XXI.
La realidad en la búsqueda de dinero a través del soborno y la sobre evaluación, no debe sorprender ni lastimar a los que hoy levantan el cetro de la indignación.
Cabe señalar que hoy día la proliferación de medios digitales “redes sociales”, han sido altamente problemáticos para los que han acomodado desde el poder la práctica de la impunidad que nos arropa.
De ahí el rompecabezas para limitar la libre expresión de la palabra y el pensamiento, cargados de comunicadores ubicados en diferentes sectores políticos y sociales haciendo uso de denuncias contundentes, creando mucha presión a sectores fácticos que juegan a la mordaza para sobre guardar la doble moral.
La libertad de expresión reinará como deber y compromiso del periodismo ético.




