
Por: Ricky Noboa
A través de la música se escuchan los suspiros del amor y desamor; y en sus notas se plasman no solo los amoríos, sino aquella familia o aquellos amigos que nos irradian su amor en el tiempo.
La música es el lenguaje del espíritu y su melodía la brisa juguetona hace temblar las cuerdas, llamando a la puerta del sentimiento los recuerdos expresados a través de ella. Sus matices provocan melancólicas nostalgias que hasta nos hacen llorar por un ser querido, o sonreír por la paz que Dios nos brinda. El lenguaje del espíritu cantó su gloria en la soledad, movió el corazón de los reyes y las delicadas flores las colocó a merced de los vientos. El trino de los pájaros nos despierta al amanecer y esta melodía alcanza su sublimidad cuando el aire hace que las flores del campo hablen a los árboles y el murmullo de los arroyos nos brinde la tranquilidad que solo ellos pueden dar.
Las olas del mar tocan las playas delicadamente; la música de la lluvia cae sobre las hojas y nos tocan la ventana. Su música nos hace conciliar el descanso. El sonido musical es una simbiosis del alma y la naturaleza, cuando conversan sin necesitar las palabras. La música interpreta el corazón humano cuando emana el fruto del dolor, pero igual, la alegría.
La música del himno nacional dominicano encontró en la musicalización de José Reyes la devoción por la identidad nacional, innegociable de la soberanía dominicana. La música de la patria se lleva y se siente eternamente en nuestros corazones.




