
De: Pronems Publicitaria
San Francisco de Macorís. — La experta en asuntos migratorios Erika Reyes explicó el jueves en El Toque del Mediodía, conducido por el comunicador Roberto Neris, las diferencias esenciales entre las visas K-1 y K-3, dos categorías para ciudadanos estadounidenses que desean llevar a sus parejas a los Estados Unidos.
Reyes abordó el tema bajo el título “Entre dos visas y un solo amor”, destacando que ambas opciones aunque similares responden a procesos y propósitos distintos.
La especialista subrayó que sólo los ciudadanos estadounidenses califican para estos beneficios, ya que los residentes permanentes no pueden solicitar ninguna de estas categorías.
La visa K-1: el camino del prometido
Reyes explicó que la visa K-1, conocida popularmente como “visa de prometido”, permite al ciudadano estadounidense llevar a su novia o prometida a EE.UU. con la condición de que la pareja se case dentro de los primeros 90 días tras la entrada al país.
Este proceso se realiza mediante el formulario I-129F, lo que evita el trámite inicial por el Departamento de Estado y ahorra entre 7 y 12 meses en comparación con otras peticiones.
Entre los requisitos destacados para obtener una K-1 figuran:
Haber tenido al menos un encuentro presencial en los últimos dos años.
Demostrar la relación con chats, correos, llamadas o envíos.
Presentar un presupuesto de boda, lista de invitados, lugar del evento y declaraciones juradas de padrinos o testigos.
Reyes advirtió que, si la pareja no se casa dentro del período establecido, la persona debe retornar a su país, y permanecer en Estados Unidos más allá del tiempo autorizado puede generar presencia ilegal, riesgos de penalidades migratorias y procesos más complejos en el futuro.
La experta también destacó que los oficiales consulares pueden negar la visa si perciben fraude o inconsistencias, lo que puede conllevar sanciones severas, incluyendo 25 años de penalidad o muerte migratoria.
La visa K-3: una alternativa más flexible
Reyes explicó que la visa K-3 ofrece ventajas que no están disponibles en la K-1. Esta categoría, también para no inmigrantes, aplica para parejas que ya están casadas y permite la entrada a Estados Unidos en un tiempo similar pero con mayor estabilidad probatoria.
A diferencia de la K-1, la K-3 no exige que la pareja tenga dos años de relación ni múltiples encuentros presenciales. El ciudadano puede casarse en el país de origen de su pareja aun con pocos meses de relación y luego someter la petición inmediatamente.
Reyes destacó que la K-3 suele tener un índice de aprobación más alto porque ya existe un matrimonio legalmente establecido:
“La K-3 ofrece más seguridad en la entrevista, porque no hay presunción de intención de quedarse sin casarse. Ya hay un compromiso formal”, explicó.
La experta también alertó que cuando un residente se convierte en ciudadano durante un proceso que incluye hijos derivados, estos pueden ser excluidos automáticamente, ya que los ciudadanos deben hacer solicitudes individuales para cada hijo.
Por ello recomendó cautela y asesoría adecuada antes de cambiar la categoría migratoria durante un trámite en curso.
Redacción: Madelin Taveras



