
Los emperfumados de la vieja era comunicacional —periodistas, locutores, comunicadores y dueños de medios— están molestos ante la nueva realidad de la comunicación en la República Dominicana y en el mundo. Una realidad que rompió privilegios, desmontó monopolios de la palabra y abrió los micrófonos a voces que antes eran ignoradas.
Durante décadas, el control del discurso estuvo en manos de unos pocos. Ellos decidían quién hablaba, qué se decía y qué no, construyendo agendas a su conveniencia. Pero el acceso a la información cambió. Las redes sociales, los medios digitales y la participación directa del público transformaron el panorama: hoy la audiencia cuestiona, responde y hasta confronta a quienes antes dictaban la narrativa sin ser desafiados.
Este cambio no solo incomoda a los de la vieja escuela, sino que evidencia un hecho simple: la comunicación ya no es un privilegio, es un derecho. Y eso implica responsabilidad, sí, pero también transparencia y apertura. Las nuevas generaciones de comunicadores y ciudadanos activos ya no aceptan discursos unilaterales ni versiones únicas de la realidad.
El choque entre la vieja guardia y la nueva era comunicacional no es solo un conflicto de estilos: es una transformación de fondo. Los viejos emperfumados pueden sentir nostalgia por el poder perdido, pero la historia demuestra que quien no se adapta queda rezagado. La comunicación del siglo XXI exige autenticidad, interacción y cercanía con la audiencia. Y quien lo entienda, prosperará; quien lo ignore, quedará atrapado en el pasado.
En conclusión, la República Dominicana vive un momento de renovación comunicacional sin precedentes. Los monopolios de la palabra se desmoronan y el ciudadano se convierte en protagonista. La vieja guardia puede quejarse, pero la nueva realidad ya está aquí: abierta, plural y desafiante.



