
El Carnaval Francomacorisano continúa consolidándose como una de las expresiones culturales de mayor arraigo en la provincia Duarte, evidenciando un crecimiento organizativo y artístico que, según sus protagonistas, ha permitido elevar su nivel sin desprenderse de sus raíces tradicionales. La valoración surge a partir de entrevistas realizadas al director de Cultura municipal, Omar Javier; a Víctor Grey, fundador del grupo carnavalesco Los Faraones y presidente de la Unión Carnavalesca de Francomacorisanos (UCRAFRAMA); y al padre Ángel Díaz, quien ofreció la visión pastoral desde la Iglesia.Desde el ámbito institucional, Omar Javier destacó que el carnaval ha pasado de ser una celebración sencilla limitada en sus inicios a disfraces básicos y recorridos espontáneos— a convertirse en un evento organizado que procura alinearse con los principales carnavales del país. Indicó que uno de los elementos clave ha sido el fortalecimiento de los grupos tradicionales y la inversión municipal destinada a respaldar su desarrollo.
El funcionario explicó que la permanencia de personajes emblemáticos y comparsas históricas ha sido determinante para conservar la esencia popular, al tiempo que se implementan medidas de orden y seguridad mediante la coordinación de organismos como la Policía Nacional, Ejército, Defensa Civil, Cruz Roja, Bomberos y Policía Municipal. Afirmó que el trabajo conjunto ha permitido mantener durante una década un desarrollo continuo de las festividades sin incidentes mayores.Javier subrayó además la transformación estructural del carnaval, señalando la aparición de cuevas carnavalescas como uno de los cambios más visibles. Sostuvo que estas instalaciones han elevado la calidad de los montajes artísticos y han permitido que agrupaciones locales compitan en nivel creativo con referentes nacionales, proyectando a San Francisco de Macorís como un carnaval en crecimiento sostenido.
Desde la perspectiva cultural y organizativa de los grupos, Víctor Grey expuso que UCRAFRAMA funciona como ente regulador interno de las comparsas y personajes, estableciendo categorías que permiten diferenciar niveles de producción y compromiso artístico. Indicó que esta estructura ha contribuido a ordenar la participación y a incentivar la mejora continua entre los colectivos carnavalescos.Grey relató que el carnaval ha experimentado una evolución significativa al pasar de concentrarse en una sola calle a disponer actualmente de una zona definida con cuevas propias y mayor infraestructura. Recordó la influencia histórica de agrupaciones pioneras y afirmó que el movimiento carnavalesco ha servido como espacio de integración social, especialmente para jóvenes que encuentran en estas actividades una vía de disciplina, pertenencia y desarrollo personal.
El líder carnavalesco sostuvo que, pese a las críticas de algunos sectores, la fiesta ha demostrado un impacto positivo en la comunidad, al promover la creatividad y ofrecer alternativas de recreación organizadas durante los domingos de febrero. Enfatizó que la participación juvenil representa un factor determinante para la continuidad del carnaval como patrimonio cultural.
Por su parte, el padre Ángel Díaz ofreció una mirada reflexiva desde la Iglesia, reconociendo el carnaval como una manifestación legítima de identidad cultural y memoria colectiva del pueblo francomacorisano.

Señaló que la celebración puede convivir con los valores espirituales siempre que se desarrolle con conciencia social, respeto y educación.
El sacerdote sostuvo que la cultura forma parte integral de la identidad de una comunidad e incluye expresiones festivas, artísticas y religiosas. En ese sentido, consideró posible armonizar el carnaval con principios éticos y espirituales, siempre que se eviten excesos y se promueva la convivencia sana. Añadió que la Iglesia observa el fenómeno cultural con discernimiento, apoyando aquello que contribuya al bien común y señalando los riesgos que puedan afectar la formación moral de la sociedad.Asimismo, hizo un llamado a la juventud a participar con creatividad y entusiasmo, pero también con responsabilidad y disciplina, resaltando que el carnaval debe convertirse en un espacio de encuentro, fraternidad y reafirmación de valores colectivos.
Las tres perspectivas coinciden en que el Carnaval de San Francisco de Macorís trasciende la mera festividad para consolidarse como un símbolo de identidad cultural, integración social y reflexión comunitaria.
Mientras las autoridades fortalecen la organización y los grupos impulsan la creatividad, la visión pastoral invita a preservar el equilibrio entre celebración y responsabilidad, configurando un evento que continúa creciendo como patrimonio vivo del municipio.



