
En la década de los 70 leí un cuento de Úrsula K. Le Guin titulado Los que se alejan de Omelas, una profunda reflexión sobre la moral y sobre la felicidad construida a expensas del sufrimiento de otros.
Omelas es presentada como una ciudad utópica, llena de alegría, bienestar y abundancia. Sin embargo, toda esa felicidad depende de la desgracia de un niño que permanece encerrado, enfermo y abandonado en un sótano.
Todos conocen su existencia. Todos saben dónde está y en qué condiciones vive. Pero la mayoría decide aceptar el sacrificio porque entiende que, si el niño es liberado, la felicidad de Omelas desaparecerá.
Algunos, sin embargo, no pueden aceptar ese pacto. Después de conocer la realidad del niño, sienten asco, remordimiento y vergüenza. Entonces se marchan de la ciudad. Se alejan de Omelas.
La historia viene a cuento cuando observamos la realidad de los llamados “intercambios de disparos” y las muertes que ocurren en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad.
No podemos ignorar que detrás de muchas de estas tragedias existen problemas estructurales: pobreza, exclusión, falta de oportunidades, desigualdad, abandono institucional y una deuda social acumulada durante generaciones.
Mientras una parte de la sociedad disfruta de cierta sensación de seguridad, otros terminan pagando un precio demasiado alto.
Quiero dejar algo claro: censuro los intercambios de disparos y cualquier actuación criminal que termine con vidas humanas. Son hechos que deben ser investigados y que no pueden convertirse en una respuesta normalizada dentro de un Estado Social y Democrático de Derecho.
Pero tampoco podemos limitarnos a señalar al gobierno de turno cada vez que ocurre una tragedia y olvidar nuestra propia responsabilidad como sociedad.
Por eso, el mensaje es para todos:
A la sociedad civil, aléjense de Omelas.
A las instituciones defensoras de los derechos humanos, aléjense de Omelas.
A los empresarios, aléjense de Omelas y construyan relaciones laborales donde exista una distribución más justa de las oportunidades y de los beneficios.
A los congresistas, aléjense de Omelas.
A quienes controlan negocios que se alimentan de la vulnerabilidad de nuestros jóvenes, aléjense de Omelas.
Al sector financiero, a las organizaciones sociales y a todos los sectores con capacidad de transformar nuestra realidad, aléjense de Omelas.
Y al Gobierno, corresponde profundizar las políticas capaces de reducir la pobreza, cerrar brechas sociales y crear oportunidades reales para quienes viven en los márgenes.
No podemos seguir tapando el sol con un dedo.
Nuestra Policía también forma parte de esta sociedad. Muchos de sus integrantes provienen de los mismos sectores vulnerables que hoy enfrentan la violencia. Por eso, el problema no puede reducirse únicamente a policías contra delincuentes. Existe un problema social mucho más profundo que debemos enfrentar.
Todos tenemos una cuota de responsabilidad.
Porque si no comenzamos a alejarnos de Omelas, llegará un momento en que las consecuencias de la desigualdad y la exclusión serán mucho mayores.
La pregunta no es solamente quién murió ayer.
La pregunta es: ¿qué estamos haciendo como sociedad para que nuestros jóvenes no tengan que morir mañana?
🕊️ ¡ALEJÉMONOS DE OMELAS!



