
Por: Ricky Noboa
La lucha contra la corrupción y la impunidad es un sentimiento y aspiración de toda la ciudadanía, señalando puntualmente que nuestro poder judicial ha sido manipulado consuetudinariamente por los lideres políticos desde los inicios de nuestra anhelada y luchada “democracia”. Sabemos quiénes tienen credibilidad pública para sumarse a esta lucha, quiénes han desfilado vestidos de colores, pero con una conciencia negra; quiénes no han enfrentado el contrabando, el narcotráfico, la extorsión, la delincuencia de cuello blanco, el tráfico de blancas, y lo peor, que con sus acciones han mostrado la traición conspirativa contra la soberanía nacional.
Solo han pensado en el “borrón y cuenta nueva”, capitalizando políticamente lo que coyunturalmente les favorece en sus aspiraciones de alcanzar el poder. Llegará el momento de aclarar la lista de Odebrecht, además de depurar el reporte de los que, desde el sector público y privado, han manejado con un perfil delictivo la mayoría de sus acciones comerciales y administrativas para lograr fortunas. Es hora de salir hacia un camino de luz donde todos, desde el Ejecutivo, hasta el más humilde ciudadano, tenemos la responsabilidad y el deber de aportar transparencia y poner el oído en la clase media estrangulada, que ha cargado sobre sus hombros nuestra frágil gobernabilidad. La honradez se adquiere con la profilaxis de todos los sectores que han sido cómplices encubiertos de la mala práctica administrativa.
Con prudencia, civismo y alto sentir patriótico, unámonos a esclarecer y aplicar las buenas prácticas en la repartición del patrimonio nacional. El reto en la defensa de nuestra soberanía está en sobre guardar nuestra identidad o se hunde la isla.



